Carpe Diem. Que cada minuto sea irrepetible, o que no sea.

El tiempo pasa rápido, y parece que nos encanta desperdiciarlo en gilipolleces.

Voy a morir, y tú también. Lo siento si aún no lo habías pensado. No es una opinión ni una posibilidad, es un hecho. Por eso, Carpe Diem. Aprovecha el momento. 

Podría ser mañana. Mañana, podría ser pasto de los gusanos y no haber pensando en esto. Sé que lo digo como si fuera algo nuevo, pero redescubrir también es descubrir.

He descubierto un mantra que quiero grabarme a fuego. Que cada minuto sea irrepetible o que no sea.

Te lo regalo si crees que va contigo.

Y no hablo de grandes locuras, de gastarme el poco dinero que tengo ahorrado o irme a vivir a otros lugar, que puede que sí, pero no hablo de eso. Hablo de las pequeñas minucias. De las sonrisas que pasan desapercibidas.

No quiero tomar el sol. Me aburre estar callado a tu lado. Quiero hacer carreras por la orilla, revolcarnos por la arena, bañarme desnudo de noche y hacer el amor dentro y fuera del agua. Quiero Carpe Diem. 

Dejarme de gilipolleces y que te dejes de gilipolleces. Quiero apoyar mi cabeza en tu pecho porque me apetece escuchar el latido de tu corazón y me suda la polla la marca de sol. Y me da igual que se te llene la toalla de arena o que se te revuelva el pelo, porque, si soy la persona que quiero ser, acabaré llevandote en brazos al agua. Da igual lo que supliques y lo fría que esté.

Y no lo haré por putearte, aunque un poco si, lo haré porque quiero que me abraces y me retuerzas con tus piernas y me des un par de besos de amor – odio. Y quiero ver como se te eriza la piel de frío y me abraces fuerte para robarme mi calor.

Y lo haré por algo más simple. Por qué eres preciosa. Lo eres maquillada y recién levantada. Con el pelo planchado y perfectamente alisado o revuelto después de una pelea de boxeo en la cama. Quien quiera que seas, eres preciosa en tu imperfección, y a veces se te olvida. Eso es Carpe Diem. 

Si me das un beso, que me haga temblar. Si no, no me lo des. Un beso que diga no te vayas, quedate. A donde vas a ir que estés mejor que aquí. Esos son los que valen la pena.

Pienso molestarte a cada rato que te estés arreglando intentando arrastrarte a la cama o haciendo el imbécil para hacerte reír y que seas incapaz de pintarte los ojos. Y lo gracioso es que tras 2 horas de escuchar y ver mis absurdos intentos de que no te hagas ese peinado trenzado que te gusta tanto, lloverá, y todo quedará en nada porque pienso invitarte a bailar bajo la lluvia y si eres la persona que quiero que seas me responderá antes tu sonrisa pícara que tus palabras.

Por favor, que jamás lleguemos a tiempo a ningún sitio. Ni queramos llegar. No debería ser lo nuestro estar pendiente del reloj. Nuestra hora es la que nosotros digamos que es. ¿Qué hora es en una habitación sin reloj?

Ríete de mí, cuando me pongo ropa que no combina. Ríete mucho, pero no me dejes cambiarme jamás. Burlate de mí cuando soy un desastre y pierdo un vuelo, cuando me dejo el pasaporte, cuando digo que salgo de “trankis” y vuelvo a las 7 y tengo que ir a algún sitio sin dormir, cuando te digo nos tomamos una y sabes que es mentira, aunque no te pueda mentir. Ríete cuando me tropiezo porque soy muy patoso, cuando todo. Tu ríete. No me digas lo que tengo que hacer, sólo ríete.

Dime que no puedo ponerme esa colonia, que te supera. Que es demasiado. Que o la colonia o la ropa que ambas cosas no puedo llevar. Dilo sabiendo que siempre elegiré la colonia y volveremos a llegar tarde a donde sea.

Burlaté de mí cuando yo no pueda hacerlo. Ríete conmigo cuando todo vaya bien, cuando todo vaya mal… cuando todo va y punto. Eso es Carpe Diem. 

Recuérdame cuando se me olvide que estamos muy locos, que eso nos hace nosotros mismos. Recuérdame que ame mi propio caso. Que siempre puedo mejorar y que sea la mejor versión de mi mismo. Que no me estanque. Que la vida pasa y cada minuto cuenta.

Recuérdame que solo la mejor versión de mi mismo te enamora. Y recuérdame que soy esa versión o no soy nada. Y si no soy nada, aléjate de mi. Sé que es mi responsabilidad acordarme, pero a veces, como a ti, se me olvida que soy precioso.

Quien quiera que seas.

Si no consigues recordármelo, no te quedes a recoger los pedazos de lo que fui o de lo que me he conformado con ser. Vete. Si no lo haces por ti, hazlo por mi. Para que nunca me olvide de mi mantra.

Que cada minuto sea irrepetible o que no sea.

 

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